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viernes, 5 de octubre de 2007

Obstinados


Me esperaba un día de agendas y estandartes, y me perdí, escabullendo mi figura entre la gente. Como cuchillo cortaba el tiempo y le ganaba un minuto a la jornada. Me sentía casi líquida, liviana, iba dentro de mi cuerpo, resguardada y segura, con el alma caliente y las ideas frescas.

De pronto miré. Pasaron a mi lado las caras familiares, los gestos, los abrigos, la paleta de nuestros colores, el cuadro de nuestro mesurado invierno al sur. Me sentí parte de una tribu, una guerrera. Sentí que todos guardábamos un secreto. Me impregnó la profunda uruguayez que flotaba en el ambiente de Montevideo y lo sentí todo tan mío, tan adentro. Creí ver que todos habíamos apretado el paso, que seguíamos, obstinados sobrevivientes del mejor país del mundo.

Calles de brillante humedad.

En esta ciudad

De milongas y medialunas,

lentos desesperes

permanentes despedidas

trincheras invisibles

tribus

discursos

café

moñas

bufandas

murguistas

grises sacos

ojos al mar

celestes

banderas

(11/8/07)


Gracias Marcelo por la foto.


domingo, 29 de abril de 2007

Era un intruso

Era un intruso. Llegaba lento, en la oscuridad y abrió la puerta con facilidad. Se escurrió dentro como gato joven y siguió sigiloso escaleras arriba. Era un ladrón… nadie lo esperaba y de eso se valió para entrar ligero.

Buscó la familiaridad de la cama y recorrió seguro los espacios permitidos por un amor de fronteras claras y aprobadas. …Se preguntó por qué le hacía falta un trago… amargo … antes de animarse a decir lo que siempre quiso saber. ¿Era esa la única forma de amor que existía? La vida le había carcomido la capacidad de responderse, o le había cancelado la capacidad de preguntarse. Sabía que eso era mil veces mejor que el desafío de enfrentar una respuesta.

viernes, 20 de abril de 2007

Un día el tiempo enloqueció

Un día el tiempo enloqueció y comenzó a caminar de adelante hacia atrás. Y todos salimos disparando del presente a un futuro conocido. Pero como ya sabíamos el recorrido, nos sacábamos las dudas, destejíamos las tramas del hoy y desdibujábamos a cada paso la vida que habíamos parido día tras día.

Cuando llegamos la final alguien avisó que tocaba entrar al útero. ¡Al fin! Dijeron unos cuántos. Otros tuvieron miedo porque ya no había memoria que anunciara. Y lentamente fuimos entrando todos a la vida puntiforme de la eternidad original y vacía.

Y estuvo interesante ver que la pregunta era la misma aunque la vida se recorriera en la dirección opuesta. … …¿Qué viene después…?